El Maestro y su discipulo, sobre la iluminacion por Lao Tze

 

fullsizeoutput_3ca

Agresión

Para manifestar su deseo de enseñar a otros la Verdad, un celoso discípulo le pregunto al Maestro su opinión al respecto. Y el Maestro le dijo: “Espera”.

Un año tras otro, el discípulo volvía con la misma pregunta, y una y otra vez el Maestro le daba la misma respuesta: “Espera”.

Al fin, un día le dijo al Maestro: “¿Cuando estaré en condiciones de enseñar?”:

Y el Maestro le respondió: “Cuando tu impaciencia por enseñar haya desaparecido”

Inflexibilidad

“¡Cielos, cómo has envejecido!”, exclamó el Maestro después de conversar con un amigo de su infancia.

“No puede uno evitar hacerse mayor, ¿no crees?”, le dijo el amigo.

“No, claro que no puede”, admitió el Maestro, “pero sí puede evitar envejecer”.

 

fullsizeoutput_3c7

Contemplación

El Maestro solía decir que sólo el Silencio conducía a la transformación.

Pero nadie conseguía convencerle de que definiera en qué consistía el Silencio. Cuando alguien lo intentaba, él sonreía y se tocaba los labios con el dedo índice, lo cual no hacía más que acrecentar la perplejidad de sus discípulos.

Pero un día se logró dar un paso importante cuando uno le pregunto:” ¿Y cómo puede alguien llegar a ese Silencio del que tú hablas?”

El Maestro respondió algo tan simple que sus discípulos se le quedaron mirando, buscando en su rostro algún indicio que les hiciera ver que estaba bromeando. Pero no bromeaba. Y esto fue lo que dijo: “Estéis donde estéis, mirad incluso cuando aparentemente no hay nada que ver; y escuchad aun cuando parezca que todo está callado”.

Lectura

Ch´ang Ch´uang estaba enfermo, y Lao Tsé fue a visitarle y dijo este a Ch´ang Ch´uang:

-Estas muy enfermo maestro. ¿No tienes nada que decir a tu maestro?

-¿Mi lengua aun esta ahí?

-Esta respondió Lao Tsé.

-Mis dientes están ahí, pregunto el anciano.

-No, replico Lao Tsé.

-¿Y sabes por qué?, preguntó Ch´ang Ch´uang.

-¿No será que la lengua dura más tiempo por ser más blanda? ¿Y que los dientes por ser duros se caen antes? Comentó Lao Tsé.

-Sin duda, dijo Ch´ang Ch´uang. Acabas de resumir todos los principios relativos al mundo. No necesitas más mis enseñanzas.

Liu Hsiang

Enseñanza a fondo

En otro tiempo, en Japón, se utilizaban linternas de bambú y papel con una candela dentro. A un ciego, de visita cierta noche en casa de un amigo, éste le ofreció una linterna para regresar.

No necesito linterna -respondió. Oscuridad o luz es lo mismo para mí.

Ya se que no necesitas linterna para encontrar el camino -repuso el amigo-, pero, si no llevas una alguien puede darse un encontronazo contigo. Así que tómala.

El ciego partió con la linterna, y a poco trecho uno se dio contra él de manos a boca.

-¡Mira por donde vas! -le grito el ciego- ¿No ves la linterna?

Se te ha apagado la vela hermano -respondió el desconocido.

Lectura

Se cuenta que un místico sufí estaba viajando y llego a una ciudad. Su fama había llegado allí antes que él, su nombre era ya conocido. Así que la gente se reunió y dijo: “Predícanos algo”. El místico dijo: “Yo no soy solamente un sabio, soy también un necio. Os sentiréis confusos con mis enseñanzas, así que es mejor que me permitáis seguir callado”. Pero cuanto más trataba de evitarlos, más insistían ellos, y más intrigados se sentían por su personalidad. Finalmente cedió y dijo: “De acuerdo. El viernes que viene iré a la mezquita”. Era un pueblo mahometano. Luego pregunto: “¿Y de que queréis que hable?”. Ellos dijeron: “De Dios, por supuesto”. Y cuando llego estaba reunido todo el pueblo, porque había causado una gran sensación. Desde el púlpito pregunto: “¿Sabéis algo acerca de lo que voy a decir sobre Dios?” Por supuesto los del pueblo dijeron: “No, no sabemos lo que vas a decir”. Así que les dijo: “Entonces es inútil porque si no lo sabéis en absoluto, no podréis comprender. Se necesita un poco de preparación, pero vosotros no estáis preparados en absoluto. Será inútil, así que no hablaré”. Y se fue de la mezquita.

Los del pueblo no tenían ni idea de que hacer y le persuadieron para que volviese el viernes siguiente. Llego el viernes siguiente y pregunto lo mismo: ¿Sabéis de que voy a hablaros?” Esta vez los del pueblo estaban preparados y dijeron: “SI, por supuesto”. Así que el dijo: “Entonces no hay necesidad de hablar. Si ya lo sabéis -se acabó. ¿Por qué molestarme innecesariamente y perder vuestro tiempo?” Y se fue de la mezquita.

Los del pueblo estaban completamente desconcertados acerca de que hacer con este hombre, pero ahora su interés les estaba volviendo locos -¡Ese hombre debía ocultar algo! Así que volvieron a persuadirle de algún modo. Fue y de nuevo pregunto la misma cuestión: “¿Sabéis de lo que voy a hablar?” Ahora los del pueblo se habían vuelto aún más sabios y replicaron: “La mitad de nosotros sabemos, y la otra mitas no”. El místico dijo: “Entonces no hay necesidad de que hable. Los que saben pueden decírselo a los que no saben”.

5 Profecía

“Quisiera poder llegar a enseñar la verdad”.

“¿Estas dispuesto a ser ridiculizado e ignorado y a pasar hambre hasta los cuarenta y cinco años?”

“Lo estoy. Pero dime: ¿qué ocurrirá cuando haya cumplido los cuarenta y cinco años?”

“Que ya te habrás acostumbrado a ello”.

Vigilancia

“¿Hay algo que yo pueda hacer para llegar a la Iluminación?”

“Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas”.

“Entonces , ¿para que valen los ejercicios espirituales que tú mismo recomiendas?”

“Para estar seguros de que no estáis dormidos cuando el sol comience a salir”.

 

 

fullsizeoutput_3c3

Supervivencia

Día tras día, el discípulo hacía la misma pregunta: “¿Cómo puedo encontrar a Dios?”

Y día tras día recibía la misteriosa respuesta: “A través del deseo”.

“Pero ¿acaso no deseo a Dios con todo mi corazón? Entonces ¿por qué no lo he encontrado?”

Un día mientras se hallaba bañándose en el río en compañía de su discípulo, el Maestro le sumergió bajo el agua, sujetándole por la cabeza, y así lo mantuvo un buen rato mientras el pobre hombre luchaba desesperadamente por soltarse.

 

 

Al día siguiente fue el Maestro quien inició la conversación: “¿Por qué ayer luchabas tanto cuando te tenia yo sujeto bajo el agua?”

“Porque quería respirar”.

“El día que alcances la gracia de ***********ANHELAR A DIOS ******* como ayer anhelabas el aire, ese día te habrás encontrado”.

 

Hyperrealist oil painting of woman floating underwater by Matt Story

Transformación

A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás le dijo el Maestro: “Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra”.

Lectura

La vida del hombre es tejida en el telar del tiempo conforme un patrón que el no ve, solo Dios lo ve, y su corazón esta en la lanzadera. De un lado del telar esta la tristeza, del otro la alegria. Y la lanzadera, impelida alternativamente hacia cada lado, vuela para el frente y para detrás, cargando la línea que es blanca o negra conforme exige el modelo. Al final, cuando Dios extrae el tejido terminado, y todos sus colores alternos son observados en su conjunto, se ve que los colores oscuros son tan necesarios a la tela como los colores brillantes.

Henry Ward Beecher

Mejor dormir que murmurar

Sa´di de Shiraz relata esta historia acerca de sí mismo:

“Cuando yo era niño, era un muchacho piadoso, ferviente en la oración y en las devociones. Una noche estaba velando con mi padre, mientras sostenia el Corán en mis rodillas. Todos los que se hallaban en el recinto comenzaron a adormilarse y no tardaron en quedarse profundamente dormidos. De modo que le dije a mi padre:

-Ni uno solo de esos dormilones es capaz de abrir sus ojos o alzar su cabeza para decir sus oraciones. Diria uno que están todos muertos.

Y mi padre me replicó:

-Mi querido hijo, preferiria que tambien tú estuvieras dormido como ellos, en lugar de murmurar”.

La conciencia de la propia virtud es un riesgo muy propio de quien se embarca en la oración y en la piedad.

El pequeño pez

“Usted perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscando por todas partes, sin resultado”.

“El Océano”, respondio el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”.

“¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

El mono que salvo a un pez

“¿Qué demonios estás haciendo?”, le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

“Estoy salvándole de perecer ahogado”, me respondió.

El juramento

Una vez, un hombre atormentado por sus problemas juró que si éstos se solucionaban, vendería su casa y donaría a los pobres todo el dinero obtenido de la venta.

Llegó el momento en que se dio cuenta de que debía cumplir su juramento. Pero no deseaba regalar tanto dinero. De manera que ideó una forma de eludir esta situación.

Puso la casa en venta, valuándola en una moneda de plata. No obstante quien comprara la casa debía adquirir un gato. El precio pedido por este animal era de diez mil piezas de plata.

Otro hombre compro la casa y el gato. El primero dio a los pobres la moneda de plata, y guardo en sus bolsillos las diez mil.

La mente de muchas personas funciona de esta manera. Deciden seguir una enseñanza, pero interpretan su relación con ella según su propia conveniencia.

Resignación

Había una vez un hombre, Tung men Wu de Wei, que cuando murió su hijo, no manifestó ningún pesar. Un vecino le preguntó que por qué no daba muestras de sentimiento y no vestía de luto, a lo que el contestó:

-Hubo in tiempo en que no tenia hijos y no estaba triste; ahora que mi hijo ha muerto y estoy igual que antes que naciera ¿de qué me he de entristecer?

Fuerza humana y destino

El labrador hace sus trabajos según la estación; el comerciante se ocupa según su ramo; el artífice, según su arte; el oficial, según su valor. He aquí los actos de las fuerzas humanas.

Pero el labrador tiene temporadas de lluvia y sequía; el comerciante, pérdidas y ganancias; el artífice éxitos y desengaños; el militar, sus triunfos y derrotas. esto es obra del destino.

¡Oh, feliz culpa!

El místico judío Baal Shem tenía una curiosa forma de orar a Dios. “Recuerda, Señor”, solía decir, “que Tú tienes tanta necesidad de mí como yo de Ti. Si Tú no existieras, ¿a quién iba yo a orar? Y si yo no existiera, ¿quién iba a orarte a Ti?”

El pescador satisfecho

El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando una pipa.

“¿Por qué no has salido a pescar?”, le pregunto el industrial.

“Porque ya he pescado bastante hoy”, le respondió el pescador.

“¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?”, insistió el industrial.

“¿Y qué iba a hacer con ello?”, preguntó a su vez el pescador.

“Ganarías más dinero”, fue la respuesta. “De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo”.

“¿Y qué haría entonces?”, preguntó de nuevo el pescador.

“Podías sentarte y disfrutar de la vida”, respondió el industrial.

“¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?”, respondió el satisfecho pescador.

Cuento

Un vendedor de zapatos enviado por su jefe fue a vender zapatos lejos de aquella ciudad. El jefe pidió que le enviara un telegrama enviándole información sobre las perspectivas de trabajo. El vendedor llego a la ciudad y vio que todas las personas andaban descalzas y envío este telegrama: “Todos andan descalzos. No necesitan zapatos. Malas perspectivas”.

El jefe envío a otro vendedor a otra ciudad igualmente lejana pidiendo respuesta. El vendedor respondió con este telegrama: “No tienen zapatos. Venderemos muchos. Muy buenas perspectivas”.

Cuento

Un rey consulto a diferentes magos de su región. “¿Cómo va a ser mi vida y la de mis parientes?”.

Uno le dijo: “Se te van a morir todos tus parientes, por cada diente que se te caiga morira uno de ellos”. El rey ordeno matarle.

Otro le dijo: “Vas a sobrevivir a todos tus parientes. Una vida longeva”.

Le dijo lo mismo que el otro pero la diferencia esta en la manera de decirlo.

Cuento derviche

Vivía en Bagdad un comerciante llamado Zaguir. Hombre culto y juicioso, tenía un joven sirviente, Ahmed, a quien apreciaba mucho.

Un día, mientras Ahmed paseaba por el mercado de tenderete en tenderete, se encontró con la Muerte que le miraba con una mueca extraña. Asustado, echó a correr y no se detuvo hasta llegar a casa. Una vez allí le contó a su señor lo ocurrido y le pidió un caballo diciendo que se iría a Samarra, donde tenia unos parientes, para de ese modo escapar de la Muerte.

Zaguir no tuvo inconveniente en prestarle el caballo más veloz de su cuadra y se despidió diciéndole que si forzaba un poco la montura podría llegar a Samarra esa misma noche.

Cuando Ahmed se hubo marchado, Zaguir se dirigió al mercado y al poco rato encontró a la muerte paseando por los bazares.

“¿Por qué has asustado a mi sirviente? -preguntó a la Muerte-. Tarde o temprano te lo vas a llevar, déjalo tranquilo mientras tanto”. “No era mi intención asustarlo -se excusó ella-, pero no pude ocultar la sorpresa que me causó verlo aquí, pues esta noche tengo una cita con él en Samarra”.

Cuento

-Sigue nadando -dijo la otra-. Saldremos de alguna manera.

-Es inútil -chilló la primera-. Es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para saltar, demasiado resbaladizo para arrastrarse. Como de todas maneras hemos de morir algún día, mejor que sea esta noche.

Así que dejo de nadar y pereció ahogada. Su amiga siguió nadando y nadando sin rendirse. Y al amanecer se encontró sobre un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí estaba, sonriente, comiéndose las moscas que acudían en bandadas de todas direcciones.

Anónimo

Leyenda

Likudo dijo al maestro Nansen:

-En casa tengo una piedra que se puede erguir o acostar. La considero como Buda. ¿Puedo hacerlo?

Nansen respondió: -Sí puedes.

Likudo insistió: -¿Puedo verdaderamente?

Nansen respondió: -¡No, no puedes!

Anónimo

Cuento

En aquel tiempo, dice una antigua leyenda china, un discípulo preguntó al vidente: “Maestro, ¿cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?” Y el vidente respondió: “Es muy pequeña, y sin embargo de grandes consecuencias. Vi un gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. En su derredor había muchos hombres hambrientos casi a punto de morir. No podían aproximarse al monte de arroz, pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud. Es verdad que llegaban a coger el arroz, pero no conseguían llevarlo a la boca porque los palillos que tenían en las manos eran muy largos. De este modo, hambrientos y moribundos, juntos pero solitarios, permanecían padeciendo hambre eterna delante de una abundancia inagotable. Y eso era el infierno.

Vi otro gran monte de arroz cocido y preparado como alimento. Alrededor de el había muchos hombres, hambrientos pero llenos de vitalidad. No podían aproximarse al monte de arroz pero tenían en sus manos largos palillos de dos y tres metros de longitud. Llegaban a coger el arroz pero no conseguían llevarlo a la propia boca porque los palillos que tenían en sus manos eran muy largos. Pero con sus largos palillos, en vez de llevarlos ala propia boca, se servían unos a otros el arroz. Y así acallaban su hambre insaciable en una gran comunión fraterna, juntos y solidarios, gozando a manos llenas de los hombres y de las cosas, en casa, con el Tao. Y eso era el cielo”.

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s